Los Musicales en el Cine
Orquesta Metropolitana de Madrid, Coro Talía y Coro Talía Mini
¿Dónde?
Sala Sinfónica – Auditorio Nacional
Una de las salas de música más prestigiosos de Europa. Con 2.338 localidades y un diseño arquitectónico único, la Sala Sinfónica ofrece una experiencia sonora envolvente gracias a su excepcional acústica. Cada nota se escucha con claridad, cada emoción se vive con intensidad.
¿Cuándo?
Sábado, 30 de mayo 2026. 22:30
Déjate llevar por la música bajo la dirección de Silvia Sanz, al frente de los músicos de la Orquesta Metropolitana de Madrid, el Coro Talía y el Coro Talía Mini, en una experiencia musical cinematográfica emocionante.
Este concierto ofrece un recorrido por algunos de los musicales más emblemáticos del teatro y el cine, reuniendo canciones que han marcado generaciones. Desde clásicos de Broadway hasta éxitos contemporáneos, el programa celebra la emoción, la narrativa y la energía del género musical.
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La historia del musical es un tapiz de accidentes afortunados y revoluciones culturales que comenzó de la forma más inesperada. Todo se remonta al 12 de septiembre de 1866 con The Black Crook, considerada la primera obra musical moderna. Surgió por pura casualidad en el Niblo’s Garden de Nueva York, cuando una compañía de ballet parisina se quedó sin teatro tras un incendio y decidió fusionarse con una obra de teatro tradicional; el resultado fue un éxito masivo que sentó las bases de Broadway. Décadas más tarde, en 1927, esta magia saltó a la pantalla con El cantante de jazz, la primera película que utilizó el sistema Vitaphone para sincronizar voz y música, rompiendo el silencio del cine mudo. Hoy, esa evolución ha culminado en fenómenos como El Rey León, que desde su estreno en 1997 se ha convertido en el musical más taquillero de la historia, recaudando más de 8.200 millones de dólares gracias a la visión de Julie Taymor y la música de Elton John.
El musical El hombre de la Mancha, curiosamente ha sido interpretado por figuras tan dispares como Frank Sinatra y Elvis Presley, consolidándo su tema imprincipal The Impossible Dream, como el símbolo definitivo de la resistencia frente a la adversidad. Esta resiliencia se traslada luego a las tradiciones de El violinista en el tejado, donde el famoso If I Were a Rich Man no es solo una pieza humorística, sino una reflexión profunda basada en los relatos de Sholem Aleichem sobre la supervivencia de la cultura judía frente al cambio social.
Con el tiempo los musicales avanzaron hacia una energía mucho más desenfrenada, llegamos a Grease. Es curioso recordar que, antes de ser el fenómeno luminoso y nostálgico que conocemos, el musical original de 1971 era mucho más crudo y agresivo; fue la película protagonizada por John Travolta y Olivia Newton-John, la que lo suavizó para capturar ese espíritu juvenil de los años 50 que hoy todos tarareamos con Summer Nights. Esa energía colectiva encuentra un contrapunto perfecto en la delicadeza de Los chicos del coro. Aunque nació para la pantalla grande, su pieza Vois sur ton chemin logró algo casi imposible: que la música coral clásica volviera a las listas de éxitos, demostrando que la atmósfera evocadora de un coro puede ser tan poderosa como una banda de rock.
Desde esa pureza saltamos al cinismo elegante de Chicago. Aquí, la sátira y el jazz se entrelazan mediante la coreografía de Bob Fosse, inspirándose en crímenes reales de los años 20 para criticar cómo la prensa convierte a los criminales en celebridades. Este uso del jazz como motor narrativo fue el que años más tarde revitalizó La La Land. Su apertura, Another Day of Sun, es un hito técnico: se rodó a 40 grados de temperatura en una rampa real de una autopista de Los Ángeles, homenajeando a la edad dorada de Hollywood pero con la sensibilidad del siglo XXI.
Ese puente entre lo clásico y lo moderno también lo cruzó Leonard Bernstein con West Side Story. Con la canción América, el musical rompió moldes al usar ritmos latinos complejos para abordar la inmigración y la identidad, cambiando las reglas de lo que se podía decir en un escenario. Pero si hablamos de canciones que cambian reglas, ninguna supera a Over the Rainbow de El mago de Oz. Estuvo a punto de ser eliminada de la película porque los productores pensaban que la escena en la granja era demasiado larga; hoy es, simplemente, el símbolo universal del anhelo y la esperanza.
En Los miserables la escritura coral alcanza su máximo exponente. El uso de un escenario giratorio en sus producciones teatrales no es solo estético, sino que simboliza el paso implacable del tiempo y la molienda de la revolución. Una profundidad temática que , a su manera, también encontramos en Coco, donde Disney y Pixar lograron que Recuérdame funcionase como un puente entre la vida y la muerte, rindiendo un tributo tan fiel a la cultura mexicana que se convirtió en una herramienta pedagógica sobre el valor de la familia.
Ese mismo carácter luminoso y familiar define a Sonrisas y lágrimas (The Sound of Music). Como dato curioso, la familia Von Trapp real no escapó cruzando las montañas hacia Suiza (lo cual les habría llevado directamente al territorio nazi), sino que simplemente tomaron un tren hacia Italia, aunque la épica del cine prefirió la versión que todos amamos.
The Greatest Showman, tiene la capacidad de hacernos soñar despiertos, con su tema A Million Dreams captura la ambición moderna con una estética pop; Hugh Jackman llegó a actuar en los ensayos contra las órdenes de su médico tras una cirugía solo por la pasión que le despertaba el proyecto. Finalmente, todo este recorrido por la imaginación y el orden social se rompe con Hair. Este musical no solo fue un icono de la contracultura, sino que fue el primero en llevar el rock auténtico y el desnudo integral a Broadway, revolucionando el género al demostrar que el teatro musical podía ser, además de entretenimiento, un lenguaje político directo y provocador para cambiar el mundo.
*El programa puede sufrir modificaciones. Los musicales citados son una referencia
y no todos formarán parte del repertorio final del concierto.