Cerrada ovación al Réquiem de Mozart que inauguró la IX temporada de Silvia Sanz Torre al frente de la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía.

 

  • Brillante interpretación de María del Mar Jurado en el Concierto para violín de Bruch
  • Auditorio Nacional de Música, sábado 19 de octubre de 2019. 1er concierto de abono

 

Siete años se habían cumplido del último Réquiem de Mozart dirigido por Silvia Sanz Torre al frente de la Orquesta Metropolitana de Madrid y del Coro Talía. En aquel octubre de 2012 fue también el concierto de apertura de la temporada, la segunda. La Orquesta Metropolitana había cumplido un año y el Coro Talía había celebrado su XV aniversario el año anterior, en 2011, con otro Réquiem, el de Brahms, estrenando entonces su andadura junto a la nueva orquesta sinfónica fundada por Silvia Sanz, que ya alcanza nueve temporadas en el Auditorio Nacional de Música. Era el momento de retomar una obra con la grandeza y la profundidad del Réquiem de Mozart.

Orquesta Metropolitana, Coro Talía, Silvia Sanz Torre y solistas al finalizar el Réquiem de Mozart

Entre dos réquiems

Esos siete años que han mediado desde aquel Réquiem del 20 de octubre de 2012 hasta el Réquiem del pasado 19 de octubre de 2019, nos dejan una OMM compacta y madura, un coro con cien voces y una larga vida de conjunto (en 2021 cumplirá 25 años), y una directora, Silvia Sanz Torre, con un gran bagaje musical, que se mantiene ahora mismo como la única mujer directora de una temporada de abono en el Auditorio Nacional de Música

Nueve temporadas

El tiempo pasa deprisa y el Grupo Talía acaba de poner en marcha su IX Temporada. Para el primer concierto, Orquesta Metropolitana de Madrid, Coro Talía y su directora titular Silvia Sanz Torre, querían volver a emocionarse y emocionar con un Réquiem de Mozart, un imprescindible en las programaciones que de vez en cuando hay que retomar, porque siempre sobrecoge y siempre es distinto. Ahí radica la magia de la música: misma orquesta, mismo coro, misma directora, misma música, pero cuántos avatares, circunstancias, experiencias, sensaciones nuevas en la individualidad de cada músico, desde la directora al último cantante del coro, hacen que la vivencia de una misma obra resulte diferente. 

El Coro Talía en un momento de la interpretación del Réquiem

Concierto para violín de Bruch

Pero antes del Réquiem el público pudo disfrutar de uno de los conciertos para violín más bellos del periodo romántico, el Concierto para violín nº 1 de Bruch, con una jovencísima solista, María del Mar Jurado, ganadora del Certamen Internacional Intercentros Melómano (Grado Profesional) en 2017. El apoyo a los nuevos talentos se mantiene como uno de los pilares del Grupo Concertante Talía. Los ganadores de los sucesivos certámenes que organiza la Fundación Orfeo participan en los conciertos del GCT gracias a un convenio de colaboración. Son jóvenes que merecen la oportunidad de mostrar sus extraordinarias dotes junto a orquestas sinfónicas y en salas como el Auditorio Nacional. María del Mar Jurado nos hizo disfrutar con el Concierto para violín nº 1 de Max Bruch, una de las obras románticas más apreciadas entre los violinistas, en una auténtica demostración de madurez, técnica, expresividad y virtuosismo. Su interpretación de la obra más conocida de Bruch, tanto en sus movimientos rápidos como en el íntimo y mágico movimiento lento, ha dejado un grato recuerdo entre el público asistente. ¡Ojalá tenga un gran futuro en el mundo de la música y no falten esas oportunidades para tocar como solista en salas como el Auditorio Nacional!

 

Réquiem

El Réquiem de Mozart del pasado 19 de octubre de 2019 volvió a ser un Réquiem disfrutado y entregado (como lo fue el de octubre de 2012), desde sus páginas más estremecedoras y sombrías hasta las más serenas y dulces. La obra que Mozart no pudo terminar nos atrapa ya por las circunstancias de su creación: el gran genio de la música a sus 35 años, en su mejor momento, cuando estaba creando sus mejores obras, a punto de lograr su anhelada independencia artística y económica y, al mismo tiempo, físicamente agotado, sobrepasado por la acumulación de trabajo de los últimos meses y, finalmente, enfermo. En estas circunstancias, al límite de sus fuerzas, se entrega a la finalización de un Réquiem que no es para él, pero que siente que es para él: “¡Tener que morir precisamente ahora, cuando podría vivir tranquilo! ¡Abandonar ahora mi arte cuando ya no tendría que ser esclavo de la moda ni estar encadenado a los especuladores, cuando podría seguir los vuelos de mi fantasía, cuando podría componer con libertad e independencia lo que dictase el corazón!".

Cuarteto solista

De esta manera, con la concentración que requiere cantar una obra tan cargada de significado, se inició la interpretación del Réquiem.  El cuarteto solista, que cuenta con destacadas páginas de conjunto como Tuba mirum, Recordare o Benedictus estuvo formado por cuatro excelentes voces: Paloma Friedhoff, soprano, muy escuchada en los últimos conciertos del Grupo Talía y que ha dado muestras de una gran versatilidad adaptándose a estilos muy diferentes (Réquiem de Fauré, Carmina Burana, musicales…); Sandra Pastrana, cantante afincada en Italia y con una premiada carrera internacional, que debutaba en el Auditorio Nacional en su nueva andadura como mezzosoprano; Miguel Borrallo, tenor, que había sido dirigido por Silvia Sanz en la Novena de Beethoven de 2016; y el barítono Fabio Barrutia, solista habitual en los conciertos de Orquesta Metropolitana y Coro Talía. 

 

Silvia Sanz Torre dirige Réquiem de Mozart

Contrastes

Poco a poco fueron discurrieron los sucesivos números del Réquiem, en los que la batuta de Silvia Sanz Torre, con la obra grabada en su memoria, llevó a los músicos de los tempos largos y sostenidos a los más agitados, con grandes contrastes en las dinámicas, en un discurrir por caminos que nos hacían ir y venir de la devoción a la angustia, del temor a la esperanza, de la tristeza al consuelo.  

El Introitus, intenso, trágico, sentido; el Kyrie vertiginoso, con las voces del coro persiguiéndose en busca del perdón; el Dies irae, inquietante y amenazador; Tuba mirum (cuarteto solista), solemne y sereno al mismo tiempo a pesar de su texto sobrecogedor; Rex tremendae, de nuevo con el coro, con ese gran contraste que nos lleva de la máxima intensidad en la expresión de la majestad de Dios al pianísimo en la expresión de la pequeñez del hombre que ruega por su salvación; el dulce y poético Recordare, de nuevo a cargo del cuarteto solista; Confutatis, donde reaparece el contraste entre el terror y la angustia y la humildad de la súplica; y finalmente Lacrimosa, con sus palabras entrecortadas y sus frases ascendentes. En el octavo compás del Lacrimosa se detuvo la escritura de Mozart. El “amén” con que termina nos da una sensación conclusiva para este Réquiem inconcluso que Silvia Sanz Torre aprovechó para hacer una larga pausa, para marcar un antes y un después. Y después… llegaron el Offertorium (Domine Jesu y Hostias), Sanctus y Benedictus, Agnus Dei y Lux aeterna. Mozart había dejado unas indicaciones de orquestación para la conclusión de Lacrimosa y las dos partes del Offertorium. Posiblemente varios músicos pudieron intervenir en su finalización. Según Robbins Landon, en su libro 1791: El último año de Mozart, Eibler pudo completar las partes que van del Dies irae hasta Hostias, bajo la supervisión directa de Mozart. Süssmayr compondría el Sanctus, Agnus Dei y Lux aeterna, para la que utilizó la música del Réquiem y Kyrie iniciales.

El Réquiem finalizó con un intenso, sentido y cerrado aplauso para orquesta, coro, solistas y su directora titular, Silvia Sanz Torre. Esta vez no hubo bises, como suele ser habitual en otros conciertos de La Metropolitana, porque cuando se hacen obras como esta, que tocan el corazón, uno prefiere irse con las sensaciones dentro y retener instantes en la memoria. 

 Paloma Friedhoff, Sandra Pastrana, Miguel Borrallo, cuarteto solista en el Réquiem de Mozart