Con una ovación cerrada y más de un aplauso en pie culminó el primer concierto de abono del Grupo Talía en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, un arranque de temporada marcado por una dirección precisa y comprometida de Silvia Sanz Torre, al frente de la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía. La propuesta artística —rica en color orquestal, dramatismo narrativo y simbología feminista— hiló con inteligencia un programa que, desde diferentes lenguajes musicales, celebró la fuerza transformadora de la mujer.
Parte I: Ecos de libertad en el Romanticismo
La velada comenzó puntualmente a las 19:30 horas con la obertura y la escena de Los cazadores del ballet Sylvia de Léo Delibes. Esta partitura, a menudo eclipsada por otras obras del repertorio francés, fue interpretada con frescura y brillantez, destacando los contrastes entre el lirismo pastoril y la energía de la caza. La dirección de Sanz Torre fue particularmente eficaz en los planos dinámicos, conduciendo con elegancia una orquesta atenta a cada matiz.
La transición a La reina cautiva, obra poco habitual en las salas españolas de Jean Sibelius, supuso un cambio de color y de profundidad. Una obra con un lenguaje más introspectivo y sombrío que nos introduce en los climas nórdicos del compositor finlandés. La reina, metáfora de tantas mujeres silenciadas, cobró vida en una interpretación densa, casi teatral.
El Coro Talía acompañó con sus voces el espíritu colectivo de una música que no sé limita a entretener, sino que interpela, narra y transforma.

Parte II: Scheherezade, el arte de contar para sobrevivir
Tras un descanso de veinte minutos, el plato fuerte de la noche: Scheherezade, de Nikolái Rimski-Kórsakov. Esta suite sinfónica, basada en ‘Las mil y una noches’, es un reto musical tanto técnico como expresivo. Bajo la batuta de Silvia Sanz Torre, la Orquesta Metropolitana de Madrid desplegó una paleta de colores orquestales exuberante y precisa, con especial protagonismo del concertino, José Gabriel Nunes, cuyo violín representaba a la protagonista: Scheherezade. No podemos olvidar las brillantes intervenciones del violonchelo (Leticia Hernández), la flauta (Clara Arcas), el oboe (Iñaki Urbina), el clarinete (Álvaro Huecas), el fagot (Ainhoa de las Heras), la trompa (Rafael Medina), la trompeta (Omar Escobar), y el arpa (Ana María Reyes).Desde el oleaje inicial de El mar y el barco de Simbad hasta el clímax dramático del Festival en Bagdad, pasando por el lirismo del Príncipe Kalendar y el romanticismo de los jóvenes príncipes enamorados, Sanz Torre construyó una narrativa coherente y profundamente emocional. Su versión no solo fue musicalmente impecable, sino que reveló una lectura subyacente: la figura de la narradora que, con su inteligencia y su palabra, desafía el poder y rompe el ciclo de la violencia.

Una ovación al mensaje y a la música
Más allá del brillo técnico, el concierto se impuso por su coherencia conceptual. En tiempos en que la programación sinfónica corre el riesgo de caer en la complacencia o el efectismo, Silvia Sanz Torre y el Grupo Talía apuestan por un relato con sentido: la mujer como símbolo de resistencia, como figura que —desde la danza, la leyenda o la imaginación orientalista— desafía y vence.La ovación final, con el público visiblemente emocionado, no solo premió una ejecución impecable, sino una propuesta artística valiente y necesaria. El Grupo Talía ha iniciado su temporada con resonancia e intención. Y eso, en la música —como en la vida—, lo es todo.
