3er Concierto del Ciclo Sinfónico Coral
El Moldava, Danzas Eslavas, Rapsodia Checa
¿Dónde?
Sala Sinfónica – Auditorio Nacional
Una de las Salas de conciertos más prestigiosas de Europa. La Sala Sinfónica, con un aforo de 2.338 localidades y un diseño único, ofrece una experiencia sonora envolvente gracias a su excepcional acústica y diseño arquitectónico.
¿Cuándo?
Sábado, 14 de marzo 2026. 19:30
Una tarde perfecta para disfrutar solo o en compañía de un concierto íntimo y divertido, que potencia la creatividad. De la mano de la directora de orquesta Silvia Sanz al frente de algunos músicos de la Orquesta Metropolitana de Madrid.
¿Para quién?
Para todos
Para los amantes de la música que buscan una experiencia emotiva y sublime. Para quienes disfrutan de la grandeza de la música en directo. Para aquellos que buscan una experiencia cultural enriquecedora, ya sea en solitario, en pareja, con amigos o en familia.
Bedřich Smetana – El Moldava (de Mi patria)
El Moldava es una de las obras más queridas del repertorio sinfónico y una auténtica seña de identidad de la música checa. En este poema sinfónico, Bedřich Smetana convierte el curso del río Vltava en música, invitándonos a seguir su viaje desde su nacimiento humilde hasta su paso majestuoso por Praga. No se trata solo de describir un paisaje, sino de transformar la naturaleza, la historia y el espíritu de un país en sonido.
A lo largo de la obra, la orquesta nos guía por escenas cambiantes: los manantiales que brotan suavemente, los bosques y praderas, una animada boda campesina, la danza nocturna de las ninfas bajo la luna y, finalmente, la entrada solemne del río en la gran ciudad. Todo fluye con una claridad narrativa sorprendente, lo que hace que incluso quienes escuchan música clásica por primera vez puedan seguirla casi como si fuera una película sin palabras.
Escuchar El Moldava en directo es una experiencia especialmente intensa: el famoso tema principal, amplio y cantable, crece poco a poco hasta llenar la sala con una sensación de grandeza y emoción compartida. Es una obra que conecta de inmediato con el público y que demuestra cómo la música puede contar historias universales sin necesidad de palabras.
Antonín Dvořák – Danzas Eslavas
Las Danzas Eslavas de Antonín Dvořák son una celebración de la vitalidad, el ritmo y el color de la música popular centroeuropea. Aunque inspiradas en danzas tradicionales, no son arreglos folclóricos, sino creaciones originales llenas de imaginación, donde el compositor transforma ritmos populares en auténticas joyas sinfónicas. Desde su estreno, estas piezas conquistaron al público por su energía contagiosa y su frescura.
Cada danza tiene su propio carácter: algunas son impetuosas y brillantes, otras melancólicas y nostálgicas, alternando explosiones rítmicas con momentos de lirismo íntimo. Dvořák juega con contrastes constantes, cambios de tempo inesperados y una orquestación luminosa que hace que la música respire y baile por sí sola. Es imposible escucharlas sin sentir el impulso del movimiento y la emoción directa que transmiten.
En concierto, las Danzas Eslavas crean una conexión inmediata entre la orquesta y el público. Su fuerza rítmica, su carácter festivo y su belleza melódica las convierten en una experiencia ideal tanto para melómanos habituales como para quienes se acercan por primera vez a la música sinfónica. Son obras que recuerdan que la música clásica también puede ser pura alegría.
Bohuslav Martinů – Rapsodia Checa
La Rapsodia checa (Česká rapsodie) es una obra sinfónico‑coral temprana del compositor checo Bohuslav Martinů, una de las figuras más destacadas de la música checa del siglo XX. Aunque Martinů es ampliamente reconocido por sus sinfonías y por su estilo neoclásico impregnado de elementos folclóricos, esta rapsodia ocupa un lugar especial dentro de su producción por su carácter celebratorio y profundamente nacional. La obra fue compuesta en 1928, un año significativo para Checoslovaquia, ya que se celebraba el décimo aniversario de la independencia del país. Martinů, que residía entonces en París, mantenía un fuerte vínculo emocional con su patria, y esta pieza refleja claramente ese sentimiento.
La Rapsodia checa se concibió como un allegro sinfónico dedicado a la ciudad francesa de Darney, un lugar simbólico para la historia checoslovaca, pues allí se formó una de las primeras unidades militares checas durante la Primera Guerra Mundial. En la partitura aparece la inscripción “Para Darney”, lo que subraya la intención conmemorativa y fraternal de la obra. Aunque Martinů desarrolló posteriormente un lenguaje más complejo y personal, esta rapsodia ya muestra algunos de los rasgos que caracterizarían su estilo: el uso de ritmos vivos, la influencia del folclore bohemio y una escritura orquestal clara y vibrante.
La obra se sitúa en un periodo en el que el compositor exploraba nuevas posibilidades musicales en París, influido por la vanguardia francesa, pero sin renunciar a sus raíces. Además de esta rapsodia sinfónica, Martinů compuso otra obra titulada Rapsodia checa para violín y piano, H 307, lo que demuestra su interés recurrente por el género rapsódico y por la evocación musical de su identidad nacional. Esta pieza, aunque distinta en forma y propósito, comparte el espíritu lírico y la energía rítmica que caracterizan gran parte de su producción. La Rapsodia checa se integra así en un momento clave de la trayectoria del compositor, cuando su música comenzaba a ganar reconocimiento internacional. Aunque Martinů pasaría gran parte de su vida lejos de su país natal, obras como esta revelan la profunda nostalgia y el orgullo cultural que marcaron su creación artística.
