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Conversaciones entre un escritor melómano y un director de orquesta 

En estos tiempos en que aprovechamos todas las horas del día con el afán de no perder un solo minuto de nuestra vida (que sin embargo perdemos en cuestiones aparentemente imprescindibles), el ejercicio de la conversación es cada vez más infrecuente. No me refiero a conversaciones frenéticas a través del teléfono, de las pantallas o en entornos ruidosos. Hablo de conversaciones serenas, sin prisa, en las que se opina, se escucha, se recuerda, se cuenta, se reflexiona, se descubre, como las que se transcriben en el último libro de Haruki Murakami. Música, solo música (Ed. Tusquets, 2020)

En estas semanas, he leído y disfrutado de este libro. Lo he leído con calma, sin prisa, como las conversaciones que recoge, fruto de distintos encuentros que tuvieron lugar entre 2010 y 2011. En ellos, el gran escritor japonés Haruki Murakami y el prestigioso director de orquesta Seiji Ozawa disfrutan del placer de escuchar música y hablar de música, “solo de música”. 

Son dos grandes, cada uno en su campo, y la música, como dice el título del libro, es el eje central de estas conversaciones. 

El escritor

Haruki Murakami (Kioto 1949) autor de novelas como Tokio BluesLa muerte del comendadorBaila, baila baila o Al sur de la frontera, al oeste del sol, ensayos como De qué hablo cuando hablo de correr o De qué hablo cuando hablo de escribir, o colecciones de cuentos, entre otros géneros, cuenta con una premiada carrera literaria traducida a 50 idiomas y se ha hablado de él en varias ocasiones como posible candidato al Nobel de Literatura. Su escritura discurre entre lo onírico y lo real y nos habla de la soledad, la pérdida o la búsqueda del amor. Murakami, además de haber corrido en más de 20 maratones, es un gran melómano y la música tiene constante presencia en su narrativa. Sabe muchísimo de jazz y música moderna (en su juventud regentó un club de jazz), pero también de música clásica. De la lectura del libro se deduce que ha ido a muchísimos conciertos en distintas partes del mundo, que cuenta en su haber con una colección impresionante de discos y vídeos, que escucha música de la mañana a la noche, que le encanta comparar distintas versiones de una misma obra y sabe apreciar la impronta que en ellas dejan diferentes solistas, diferentes directores, diferentes orquestas, diferentes acústicas… Dice no saber leer una partitura ni tocar un instrumento, pero es extremadamente curioso, como lo es siempre un escritor, y aplica esta curiosidad a un mundo que le fascina, el de la música. 

El escritor Haruki Murakami

El director

Sieji Ozawa (Shenyamg, 1935), director de orquesta japonés de origen chino, pronto cumplirá 86 años. Este músico oriental que se abrió camino en el mundo de la música occidental cuenta con una importante carrera internacional de cinco décadas y ha destacado por su estilo heterodoxo y el profundo conocimiento de las obras que dirigía y grababa. En sus inicios fue asistente de director como Charles Munch en Boston, de Herbert von Karajan en Berlín y de Leonard Bernstein en Nueva York. Fue director musical de la Orquesta Sinfónica de Toronto entre 1965 y 1970, de la Orquesta Sinfónica de San Francisco entre 1969 y 1976, y de la Orquesta Sinfónica de Boston entre 1973 y 2002 durante 30 años. Hasta 2010 fue director musical de la Ópera Estatal de Viena. Ese año un cáncer de esófago le aparta durante un tiempo de la dirección. En 2013 volvió a los auditorios, pero sus apariciones en público se han ido reduciendo debido a sucesivos problemas de salud. El 1 de octubre de 2016 dirigió a la Filarmónica de Viena en el Suntori Hall de Tokio para conmemorar los 30 años de las giras de esta orquesta a la capital del Japón.  Destaca también su labor como director de la Academia Internacional Seiji Ozawa en Suiza, director artístico del festival Seiji Ozawa Matsumoto y de la Orquesta Saito Kinen, fundada en 1984 en memoria Hideo Saito, su maestro y un icono de la música en este país. 

El director de orquesta Seiji Ozawa

Murakami conoce a Ozawa

El escritor conocía al director simplemente como público de sus conciertos durante la etapa en que vivió en Boston. Es gracias a la amistad entre Yoko, esposa del Murakami, y Seira, hija de Ozawa, como se produce un primer contacto entre ambos. Los primeros encuentros fueron casuales y en ellos nunca hablaban de música: “Ozawa es de esas personas que concentra todas sus energías en el asunto que tiene entre manos, y por eso, imagino, fuera del trabajo necesitaba desconectar. Por mi parte no lograba superar cierta reserva y evitaba abordar cualquier tipo de conversación sobre música”. 

Yoko y Haruki Murakami

Tiempo para escuchar, tiempo para hablar

En 2010 una grave enfermedad obliga a Ozawa a alejarse de los escenarios. Diagnosticado de cáncer de esófago tiene que someterse a una arriesgada intervención quirúrgica y al posterior tratamiento y periodo de recuperación. Sin conciertos que dirigir ni grabaciones, dedicado por completo a su convalecencia y rehabilitación, el gran director de orquesta tiene tiempo libre por primera vez. En esos días vuelven a verse y, sin proponérselo, la música surge como tema de conversación. Según explica Murakami en la introducción del libro, cuando Ozawa empezaba a hablar, se iluminaba, recuperaba vivacidad: “Puede que retomar su relación con la música de un modo distinto al habitual le ayudase a cambiar de humor”.  Un día, en casa del escritor, escucharon música y Ozawa contó sus recuerdos en torno a la interpretación del Concierto para piano nº 1 de Brahms dirigido por Bernstein en Nueva York con Glenn Gould como solista. Fue un concierto singular. Antes de comenzar, Bernstein se dirigió al público para aclarar que no estaba de acuerdo con el tempo de Gould y explicó que iba a dirigir, a pesar de esas discrepancias, porque estaba encantado de ofrecer al público una visión distinta de una obra interpretada por un solista fascinante. Murakami pensó que sería una pena que recuerdos como estos se perdiesen y planteó a Ozawa la posibilidad de conversar sobre música y plasmar estas conversaciones en un libro.  

Leonard Bernstein y Seiji Ozawa

Glenn Gould, Karajan, Bernstein…

Aclara Murakami que no es un libro de entrevistas, es un libro de conversaciones. En la primera de ellas, los protagonistas escuchan el Concierto para piano y orquesta nº 3 de Beethoven con Karajan y Gould, Bernstein y Gould y Bernstein y Serkin, toda una oportunidad para comprender sus puntos de vista sobre distintas interpretaciones de una misma obra, la relación entre el director, solistas y orquesta, la forma de trabajar de los directores con la orquesta, cómo son en los ensayos y cómo son en los conciertos, cómo han ido cambiando las formas de interpretar distintos estilos con el paso del tiempo, cómo se forma la personalidad y estilo de una orquesta, y un largo etc. Otra cuestión muy interesante que aborda el libro en distintos momentos es la acústica de las salas y auditorios donde las orquestas más prestigiosas del mundo realizan sus grabaciones y la forma de realizarlas. Ozawa, que fue asistente de Karajan y Bernstein, dos de los más grandes directores del siglo XX, nos descubre muchos datos interesantes y curiosos relacionados con su forma de ser y de entender la música. 

Beethoven: Piano Concerto No. 3, Gould & Bernstein (1959) ベートーヴェン ピアノ協奏曲第3番 グールド
Glenn Gould interpreta el Concierto para piano nº 3en do menor de Beethoven junto a la Columbia Symphony Orchestra bajo la dirección de Leonard Bernstein (Nueva York, 1959)

Glenn Gould plays Beethoven Concerto N. 3 Op.37 - 1. Allegro Con Brio
Glenn Gould interpreta el Concierto para piano nº 3en do menor de Beethoven con la Filarmónica de Berlín y la dirección de Herbert von Karajan (1957)

Cómo se hace un director

A través del libro y de las distintas conversaciones, Ozawa nos cuenta cómo fueron sus inicios en los 60, cómo consiguió ser asistente de Lenny (Leonard Bernstein) y cómo en Berlín, siendo asistente de Karajan, debutó como director de orquesta y consiguió su primera paga como profesional; recuerda los momentos de dificultades económicas y sus problemas con el inglés; explica su manera de estudiar las obras y rememora su experiencia con la ópera…  Nos encontramos con anécdotas como cuando fue abucheado en Milán en 1986, en una Tosca en la que cantaba Pavarotti. ¡Un japonés en el templo de la ópera italiana!… Ya se lo había advertido Karajan: “Te van a matar”. Pavarotti le quitó importancia y un músico de la orquesta le explicó que no había un solo director al que el público de Milán no hubiera abucheado alguna vez. Ocurrió solo en las tres primeras representaciones, pero en Japón el abucheo es algo impensable. 

Murakami y Ozawa hablan de la música de Mahler, Brahms, Bartok, Berg, Stravinski… Dice Ozawa que, gracias a estas conversaciones y a la oportunidad de volver a escuchar sus grabaciones con calma y tiempo, sin la presión de tener que preparar conciertos inminentes y diferentes, ha podido darse cuenta de lo mucho que ha cambiado: “Incluso a mi edad cambia uno. Lo hace a través de las experiencias concretas de la vida. Tal vez sea esa una de las principales características de un director de orquesta”. 

Seiji Ozawa at the Matsumoto Festival
El director al frente de la Saito Kinen Orchestra en una interpretación de Sinfonía nº 7 de Beethoven en el Festival Seiji Ozawa Matsumoto 2015

Director y maestro

La última conversación del libro está dedicada a la labor que Seiji Ozawa ha desarrollado como pedagogo con la creación de la Academia Internacional Seiji Ozawa (Suiza), un curso de verano que tiene lugar en la localidad de Rolle, junto al lago de Ginebra. El propio Haruki Murakami viajó hasta allí para conocerlo. La Academia reúne durante 10 días a un grupo de entre veinte y treinta jóvenes músicos que conviven y tocan juntos y ofrecen finalmente un concierto. El curso está dedicado especialmente al cuarteto de cuerda (“cuando uno toca en un ensemble, sus oídos se abren en todas direcciones”). Tres profesores de violín, viola y chelo, todos ellos destacados intérpretes a nivel mundial, orientan a los alumnos que trabajan por la mañana en sus respectivos cuartetos y por la tarde forman una orquesta dirigida por Ozawa en ensayos abiertos al público.  El escritor pudo comprobar el proceso de aprendizaje y preparación de una obra musical y cómo, día a día, se pulían imperfecciones y corregían errores hasta conseguir un sonido de conjunto.

Tchaikovski  Serenade for strings  Seiji Ozawa
Seiji Ozawa dirige la Serenata para cuerdas de Chaikovski en uno de los conciertos de la Academia Internacional Seiji Ozawa de Suiza

El valor de los recuerdos

En fin, a todo el que le guste hablar de música en sus ratos libres, tendrá la ocasión de disfrutar y aprender con este libro, fruto de los encuentros entre dos amigos, un escritor melómano y curioso y un director de orquesta que agradece la oportunidad y el tiempo de haberse podido sumergir en sus recuerdos. 

“Una vez que los recuerdos se despertaron en mí, ya no fui capaz de frenarlos”

BSO NOW: From the BSO Archives | Seiji Ozawa conducts Mahler
Ozawa en 1975 al frente de la Boston Symphony Orchestra, que dirigió durante 30 años, y el New England Conservatory Chorus, interpreta la Sinfonía nº 2 (Resurrección) de Mahler

I. López