>

Idioma

El público en pie y prolongados aplausos en la inauguración de la nueva temporada de Orquesta Metropolitana de Madrid y Coro Talía en el Auditorio Nacional

Más de 2000 personas en el público y localidades agotadas para disfrutar de El aprendiz de brujo de Paul Dukas y Carmina Burana de Carl Orff bajo la dirección de Silvia Sanz Torre

El sábado 13 de octubre Orquesta Metropolitana de Madrid y Coro Talía, junto a su directora titular Silvia Sanz Torre, salían de nuevo al escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional para ofrecer el primero de los conciertos de abono de la Temporada 2018-2019 que organiza el Grupo Concertante Talía. Agotadas las localidades en los días previos al concierto, más de 2000 personas ocuparon sus butacas dispuestas a gozar de un programa con dos obras muy atractivas, El aprendiz de brujo de Paul Dukas y la cantata Carmina Burana de Carl Orff. Una ovación cerrada y el público en pie convirtieron la inauguración de la temporada en una verdadera fiesta.  

El público en pie aplaude la interpretación de Carmina Burana dirigida por Silvia Sanz Torre

El aprendiz imprudente

Aunque Carmina Burana constituía el plato fuerte del programa, el concierto se inició con una primera parte, breve pero mágica, en la que se interpretó El aprendiz de brujo de Paul Dukas. Esta obra que la Orquesta Metropolitana ya había ofrecido hace unos años dentro del programa titulado Noche de brujas, espíritus y misterio, es una composición muy popular pero también una compleja página orquestal de gran capacidad descriptiva. Está basada en una obra de Goethe, que a su vez se inspiró en un antiguo relato griego. Sin embargo, para muchos, será siempre la historia protagonizada por el ratón Mickey en la película Fantasía de Walt Disney. Es un relato tan bien contado en música que es fácil escuchar las palabras mágicas, observar los primeros movimientos de las escobas, asombrarnos al sentir cómo estas se multiplican sin dejar de llevar agua, ver que está a punto de producirse el desastre, presenciar el regreso del mago, y relajarnos cuando las escobas se retiran, vuelve la paz y el aprendiz pide perdón por su desobediencia. La nitidez del relato constituye la verdadera magia de esta obra.

La buena fortuna de Carmina Burana

Y llegó la hora de Carmina Burana, una obra que requiere grandes recursos orquestales y vocales.  Más de 200 personas salieron al escenario para su interpretación: la Orquesta Metropolitana de Madrid, con los dos pianos que requiere la obra; el Coro Talía, con cerca de 100 coristas; los coros infantiles Jesús Maestro y Jonsui, que sumaban más de 50 niños que se comportaron como profesionales; y los tres solistas que exige la cantata: Paloma Friedhoff (soprano), Diego Blázquez (tenor) y Manuel Mas (barítono).

El compositor alemán Carl Orff acertó, sin duda, con la creación de Carmina Burana. El acorde de la orquesta, a modo de pistoletazo de salida, y la inmediata entrada del coro con "O Fortuna" es siempre impactante, aunque se haya escuchado decenas de veces en concierto. Al igual que Dukas se inspiró en un relato de la antigüedad griega para El aprendiz de brujo, Carl Orff compuso Carmina Burana sobre los textos de una colección de cantos medievales procedente de un códice hallado en un monasterio bávaro. Eran cantos de goliardos, clérigos y estudiantes que vagaban por Europa en la época en que nacieron las universidades y que se ganaban la vida con sus cantos. En sus versos, retrataban la vida con sarcasmo, satirizaban a la Iglesia y al poder establecido o cantaban al amor y a los placeres terrenales. El éxito ha acompañado a Carmina Burana desde su estreno y eso que el primero de sus cantos, “O Fortuna”, nos deja bien claro que la suerte, “variable como la luna”, todo lo puede cambiar.  

Silvia Sanz Torre junto a los solistas de Carmina Burana

La primavera y sus encantos

El secreto de Carmina Burana es su simplicidad, su variedad melódica y rítmica y los continuos contrastes.  Todos estos elementos hacen que sea una obra fácil de escuchar y que el oyente no se aburra. Así pues, tras los dos números introductorios, el imponente “O fortuna” y “Fortune plango vulnera” (Llanto por las ofensas de la fortuna), con sus ritmos ostinati, dejamos atrás los llantos y lamentos por los golpes del destino y nos adentramos en una atmósfera bien diferente con la primera parte de la obra, La primavera. El mundo renace tras el duro invierno y, con una sinuosa y lejana melodía al estilo del canto llano, el coro nos mostró “la cara jovial” de la renovadora estación. Acto seguido, llegó el primer solo de los muchos que tiene el barítono en esta cantata, “Omnia Sol Temperat” (El sol conforta a todos), interpretado por Manuel Mas con impecable y elegante fraseo.

Las voces masculinas del Coro Talía durante el ensayo previo de Carmina Burana

En la taberna

Continuaron los cantos a la alegría, al amor y a la naturaleza hasta llevarnos a la segunda parte de la cantata, En la taberna, en la que las voces protagonistas, tanto de solistas como de coro, son las masculinas. Las melodías ya no hablan del aroma de las flores ni del verdor del bosque. Ahora toman la palabra el sarcasmo, la sátira y el cinismo. Manuel Mas afrontó con desenvoltura y valentía un exigente solo, “Estuans interius” (Ardiendo interiormente), una aria impetuosa y vehemente: “Sobre un escabroso camino voy…, olvidando la virtud, ávido de placer”. “Como hoja con la que los vientos juegan”, la melodía lleva al solista a las zonas más agudas de su tesitura una y otra vez.

Llegó el momento del único solo del tenor con uno de los textos sarcásticos al que Orff dio una melodía agudísima que se interpreta en falsete para intensificar el tono humorístico. Fue Diego Blázquez el responsable de encarnar, con la teatralidad requerida, al “cisne asado que canta” . Más que cantar, el cisne lamenta su destino ahora que ha perdido su belleza y, todo “negro y churruscado”, gira en el asador, su pira funeraria, para ser luego devorado. El carácter cómico del número se ve reforzado por las introducciones del fagot a cada una de las estrofas y las tres intervenciones del coro de voces masculinas.

Escuchamos entonces al Abad de Cucaña (solo de barítono): “Quien me busque temprano en la taberna, para el atardecer saldrá desnudo y, despojado de sus ropas, llorará”. La voz de Manuel Mas resonó amenazante en su discurso y poderosa en los “Wafna” (Ay de mí) y en el lamento final de las víctimas del juego.

La sección de la obra dedicada a la taberna termina con el coro de bebedores interpretado por las voces masculinas de Talía que se desenvolvieron perfectamente ante la dificultad de la pronunciación del denso y larguísimo texto que ha de decirse con mucho ritmo y gran rapidez.

La soprano Paloma Friedhoff durante una de sus intervenciones en Carmina Burana

La corte del amor

Y comenzó la tercera parte de la obra, titulada La corte del amor. Hasta ese momento todavía no habíamos podido escuchar a los coros infantiles ni a la soprano solista, Paloma Friedhoff, que destacó en todas sus intervenciones por su dulce, limpia y bella línea de canto. Las voces de los niños de los Coros Jesús Maestro y Jonsui nos invitaron, con frescura e inocencia, a disfrutar del amor. La voz del barítono volvió a resonar con solos muy distintos a los de La Taberna, esta vez sobre penas y suspiros de amor. Un coro reducido de voces masculinas alabó la feliz unión de un muchacho y una muchacha. El alegre y extrovertido “Tempus es iocumdum” reunió las voces de niños, solistas y coro para llevarnos al final de la tercera parte con un breve pero intenso solo de soprano. La cristalina voz de Paloma Friedhoff se elevó hasta el sobreagudo con dulzura, y al mismo tiempo con decisión, para exclamar “¡Dulcísima, me entrego por entero a ti!” y dar paso al coro con la solemne “Ave formosisima” (Salve hermosísima, gloria de las doncellas). La obra se cierra con el mismo número que la abre, “O Fortuna”, como recordatorio del poder del destino sobre nuestras vidas: “En esta hora, sin demora, sentid el pulso del corazón; porque el destino derrumba al hombre fuerte, llorad todos conmigo”.

Un momento del ensayo de Carmina Burana

El público en pie

Pero no hubo lágrimas, sino alegría y entusiasmo. El final del O Fortuna es espectacular. Orff acertó, desde luego, al utilizarlo de nuevo como conclusión de la cantata y el público que llenaba la Sala Sinfónica del Auditorio estalló en aplausos y se puso en pie. Fue una ovación larga y cerrada para solistas, coros y orquesta y, por su puesto, para su directora, Silvia Sanz Torre que, como acostumbra en las ocasiones importantes, dirigió la obra de memoria.

No cabe duda de que la buena estrella acompaña esta obra de Orff que atrae a público que normalmente no frecuenta las salas de conciertos. Pero no hay buena estrella si no hay una buena interpretación y, para esta ocasión, todos los que subieron al escenario dieron lo mejor de sí mismos y su directora titular supo extraerlo. Y, como los aplausos no cesaban, se repitió el canto a la diosa Fortuna como bis.

Fue un concierto en el que se palpó la concentración y, al mismo tiempo, se sentía que los músicos disfrutaban. Y, cuando los músicos disfrutan, el público lo pasa bien. ¡Ahora solo falta que todos aquellos que solo se atreven a ir a un concierto para escuchar Carmina Burana o la Novena de Beethoven regresen para disfrutar de otras músicas y de las obras de grandes compositores!

Silvia Sanz tras dirigir Carmina Burana

 

 

 

 

 

©2018 GRUPO CONCERTANTE TALÍA. All Rights Reserved.

Search

Navegando por este sitio acepta el uso de cookies Privacidad