El objetivo final es poder recomendar la dieta adecuada para mejor el rendimiento en situaciones de máximo estrés y tratar al músico como si fuera un deportista de élite.
RADIO CLÁSICA
Redacción de Radio Clásica - 31/05/12
El próximo sábado 2 de junio la Orquesta Metropolitana de Madrid y el Coro Talía, dirigidos por su titular Silvia Sanz, ofrecen su último concierto de temporada en el Auditorio Nacional. Los músicos de la orquesta, que además celebra su primer aniversario, saldrán a escena con más instrumentos que los puramente musicales: pulsómetros y cintas de medición en sus brazos que contabilizarán su desgaste energético. El concierto, titulado Grandes Coros de Oratorio, incluye oberturas y coros de obras tan conocidas como El Mesías de Händel, la Pasión según San Mateo de Bach, Las Estaciones de Haydn, los oratorios Paulus y Elías de Mendelssohn o Cristo en el Monte de los Olivos de Beethoven.
Los datos obtenidos serán de gran utilidad para la investigación que lleva a cabo Ignacio Zaragoza, profesor colaborador en la Escuela de Enfermería de la Universidad Complutense de Madrid, enfermero en el Hospital 12 de octubre, y también músico, en concreto, flautista. La investigación, destinada a su tesis doctoral, tiene como objetivo establecer una serie de recomendaciones de hidratación y alimentación que mejoren el rendimiento de los músicos en momentos de máximo estrés, como por ejemplo, un concierto. Así pues, sabremos cual ha sido el desgaste energético de los músicos tras haber interpretado a Händel, Bach, Haydn, Mendelssohn y Beethoven y después de haber pasado por momentos de gran intensidad sonora, tempos muy rápidos, pasajes de gran dificultad interpretativa o instantes de gran tensión emotiva.
Músicos: además de artistas, deportistas de élite
El trabajo del músico profesional requiere, además de talento, oído, técnica y conocimientos musicales, una buena forma física y una gran capacidad de concentración. Por eso, según explica el autor del estudio, el músico debería tener un tratamiento similar al de un deportista de élite. De hecho, la actividad profesional y artística de los instrumentistas da lugar a determinadas patologías, descritas en muchos casos con el nombre del Síndrome del sobreuso, ya que las posiciones incómodas mantenidas durante tiempos prolongados de tiempo tienen como consecuencia alteraciones músculo-esqueléticas.
“Gracias a este trabajo –señala Ignacio Zaragoza refiriéndose a los músicos- pretendo ahondar en la diminuta literatura científica existente para este colectivo que tan importante es en nuestra sociedad”.
Mediciones antes, durante y después del concierto
Así pues, antes de iniciarse el concierto, se medirá la talla, peso, perímetro de cintura y cadera de los músicos que participan en el estudio. También se obtendrán datos del agua y la grasa corporal a través de dos electrodos en la mano derecha y otros dos en el pie derecho. Será algo parecido a un electrocardiograma, pero más sencillo.
Durante el concierto, los músicos llevaran consigo 2 dispositivos: un pulsómetro en el tórax que registrará la frecuencia cardiaca y una cinta en el brazo derecho que medirá el gasto energético a través de 21 parámetros. Los músicos ya han ensayado con estos dispositivos.
Al final del concierto volverán a repetirse las mediciones que se hicieron antes de comenzar (tallas, peso, etc.)
Por otra parte, los músicos informan al investigador de los alimentos y bebidas ingeridos durante los días de los ensayos en que se han realizado mediciones y en el día del concierto. El investigador ha realizado también mediciones a músicos de la Orquesta de la Comunidad de Madrid o la Orquesta de Radio Televisión Española.